Por eso es que tocó imponer la Ley Seca en esta Nación. Porque embriagados somos unos deplorables advenedizos, capaces de matar al otro sin saber por qué. Cinco aguardientes a veces son suficiente fundamento para apretar el gatillo.
La Selección Nacional tendría que unirnos más que diferenciarnos. Y, por supuesto, todos queremos que este equipo –el mejor de nuestra historia- hubiera ganado por segunda vez la Copa América. Pero al margen del gol en la cancha, y ante tantas penurias sufridas, la Policía y las administraciones locales no fueron capaces de hacer un trabajo pedagógico para enseñarle a la gente a celebrar, tanto como se debe aprender a sobrellevar la derrota.
Lo demás ya nos sobrepasa. Vivimos en un ambiente hostil. Somos muy violentos, reitero. El hermano del jugador Juan David Cabezas fue herido en la pasada final del torneo local, en las tribunas del estadio Atanasio Girardot. El “Palomo” Usurriaga, Elson Becerra, Cristian Racero, Edison Chará, Andrés Escobar y otros tantos futbolistas murieron violentamente en estas tierras. El asesino Popeye alguna vez apuntó, frío: “Nosotros no manipulábamos los partidos del Nacional, nosotros matábamos los árbitros”. El padre de Juan Guillermo Cuadrado fue asesinado por un grupo armado cuando él tenía cuatro años. Después del 5-0 ante Argentina, se contaron más de 70 muertos y 900 heridos. Javier Flórez, cuando jugaba en Junior, mató a tiros a un hincha que lo recriminó después de un partido.
Así que de eso nos salvamos. De más muertos. La reflexión es que siempre debemos buscar la victoria y tener cuidado de ella. El peligro de haber ganado la Copa América no hubiera sido solo creernos ya campeones del Mundial de Rusia -como podría pasar- sino acabarnos entre hermanos.
Nosotros tendríamos que entender al fútbol como un deporte capaz de parar la Primera Guerra Mundial. Su potencial es el de mejorarnos como masa y sociedad. Tenemos que recordar el dicho que reza que hay que tener cuidado con lo que se desea porque de pronto se cumple. Colombia, ¿campeón de la Copa América? ¡Ojalá que sí! Pero no a costa de sangre. La derrota contra Argentina por penaltis seguro dolió menos.
Nosotros tendríamos que entender al fútbol como un deporte capaz de parar la Primera Guerra Mundial. Su potencial es el de mejorarnos como masa y sociedad. Tenemos que recordar el dicho que reza que hay que tener cuidado con lo que se desea porque de pronto se cumple. Colombia, ¿campeón de la Copa América? ¡Ojalá que sí! Pero no a costa de sangre. La derrota contra Argentina por penaltis seguro dolió menos.
Los estadios donde Colombia sonrió en el pasado
Las rutas donde alguna vez la Selección sobresalió
El gran Falcao
El ídolo de siempre:
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