Por fin, después de muchas dilaciones, las Farc entregaron a las dos personas que habían prometido liberar sin contraprestación alguna: Clara Rojas y Consuelo González. Tristemente, aún quedan 774 secuestrados en las selvas colombianas.
La liberación de Clara Rojas, ex candidata a la Vicepresidencia de Colombia secuestrada desde el 23 de febrero de 2002, y de la ex congresista Consuelo González, raptada desde el 10 de septiembre de 2001, provocó una emoción prácticamente inenarrable. “Revivimos”, dijo escueta y certeramente Clara Rojas en sus primeras declaraciones lejos de las cadenas y la manigua.
Pocos días atrás se había contado otra buena noticia: el niño Emmanuel, hijo de Clara Rojas, concebido y dado a luz en plena selva hace tres años (nació por cesárea el 16 de abril de 2004), estaba en poder de un instituto de cuidado infantil en Colombia y no bajo la sombra de las Farc, por lo que también se celebró su libertad.
Para lograr la liberación de estas personas no se necesitó ningún despeje militar, como siempre han exigido las Farc al gobierno colombiano, ni tampoco una comisión internacional humanitaria, como la que llegó al país con garantes de siete países internacionales más otros delegados de la Cruz Roja Internacional sin lograr realmente un resultado positivo.
Hugo Chávez sí fue preponderante en este proceso y por eso tanto Clara Rojas como Consuelo González le agradecieron infinitamente su mediación. Notablemente extasiada, González le transmitió a Chávez el mensaje que le encargaron los demás secuestrados. Le pidió no detenerse en lo que ella misma definió como una “gran gestión humanitaria”.
No obstante, fuera de la emoción y alegría que se advirtió con la liberación de estas dos personas –más la consabida situación del pequeño Emmanuel-, a Colombia la sigue embargando la tristeza del secuestro. El Gobierno estima que las Farc tienen a 774 personas, entre civiles, miembros de la Fuerza Pública y algunos extranjeros, privadas de la libertad.
Ellos aún siguen amarrados a los árboles, tal como describió Consuelo González, esperando incluso casi después de una década su libertad. Es en el propósito de su liberación en lo que no se debe cavilar. Colombia y el mundo le deben seguir exigiendo a las Farc su liberación sin contraprestaciones, pues sólo ellos son los culpables de este trato inhumano propio de los que no saben nada o muy poco del dolor ajeno.
viernes, 11 de enero de 2008
Política. Dos razones para estar felices, más de 700 para estar tristes
Etiquetas:
Consuelo González,
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