viernes, 8 de febrero de 2008

Chicos en la “barra brava” del Chicó

Imagínese a un hincha de 12 años desviviendo por su “amado” Boyacá Chicó y diciendo groserías a placer en el estadio.

Valientes de verdad todos los que llegaron a ver el juego entre Chicó y Audax Italiano por la Copa Libertadores. Era jueves en la noche, sin “quincena”, dos equipos irrelevantes internacionalmente y sin mayores figuras… Es que hasta la mayoría de cabinas radiales estaban desocupadas… ¿Interés? Ciertamente, no mucho.

Pero gallardos al fin y al cabo los pocos que se fueron a El Campín. El Tiempo aproxima 1500 personas en el estadio y la agencia EFE, dizque 12 mil. Más lo primero, sin duda. La prueba: se escuchaban los gritos de los jugadores en la cancha, los golpes entre ellos, desde la tribuna Occidental Numerada.

Todo matizó lo que fue al final un verdadero espectáculo de goles, cuando existía la pesadilla de un posible magro empate o de una pírrica y tacaña victoria de cualquiera. Sin embargo, fue un 4-3 bastante peculiar, en medio de un partido desordenado, como de colegio o de barrio. Un partido de todo menos de Copa Libertadores (¡qué gran daño le hicieron al torneo con esto del repechaje!).

Dentro de ese cuadro, había una pequeña junta de aficionados jóvenes. Simulando ser barras bravas del Chicó, explayándose en groserías ante otro grupo chileno. Por supuesto, sus improperios eran más fuertes cada vez que Chicó hacía un gol, como si la máxima expresión del fútbol sacara lo peor del hincha. En lugar de celebrar, muchos se regodean con el insulto.

La afrenta es normal en las tribunas y por eso ha dejado de sorprendernos. Pero pregunto –criticándome también por no haberlo hecho todavía- si es que nadie es capaz de exigirle al menos a los niños, jóvenes y adolescentes en el estadio que dejen la jerga “gaminosa” del barra brava. Que eso no es digno de respeto, sino de pena. Y que, de pronto, por andar un día de estos de “valientes” falsos sí los sacan corriendo otros más viejos y experimentados en la violencia. Que quien le diga que el estadio es para desfogarse en vulgaridades es un ignorante. Y que si bien a cualquiera se nos sale un “hijueputa”, no hay derecho ni excusa para convertirse en un “ñero” a costa del fútbol.

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28 años son mucho para resumir acá, pero se hace el esfuerzo con las letras...