La irreverencia que mostró Higuita en la cancha la transportó ahora a sus deseos. El “Loco”, a pesar de sus años, rejuvenece sus sueños.
A sus 41 años, José René Higuita todavía sigue vigente, al menos como arquero de un equipo paisa, el Deportivo Rionegro de la segunda división colombiana. Y eso es admirable, porque aún en su ocaso ha tenido tiempo para casi todo… para tapar en Ecuador (donde protagonizó un escándalo por consumo de cocaína), hacerse un cambio extremo, participar en “realities” y hasta para atajar en Venezuela en un equipo que en Colombia es “sinónimo” de aguardiente: Guaros FC. Tal cual.
A su edad y con ese trajinar en la vida, cuesta creer que se mantenga activo. Claro que cualquiera podría decir que Roger Milla, su verdugo, tenía 42 cuando le marcó en Italia 90; que Dino Zoff tenía 40 cuando ganó el Mundial del ´82 (se retiró un año después), que Peter Shilton se despidió a los 44 después de jugar ¡31 temporadas! e, incluso, que Lev Yashin jugó su último partido a los 42 años.
En esos referentes es posible que Higuita encuentre su motivación. Sin embargo, este arquero que primero fue delantero (llegó al puesto que lo haría célebre reemplazando un lesionado) está en la cornisa. Más allá de que pueda seguir jugando, más allá del guarismo, Higuita no recobrará jamás el éxito de sus viejos tiempos, aunque valga mucho su hidalguía para resistirse al retiro.
“¿Continuás con el sueño de jugar hasta los 45 años?”, le preguntaron a Higuita hace poco desde Argentina (Diario El Clarín). “Quisiera tener una temporada completita, jaladita (sabrosa), y retirarme en Atlético Nacional. Así que el sueño sigue en pie”, contestó él en su coloquial estilo.
José René mantiene la ilusión. El ídolo -porque para muchos sí lo es- sigue entrenando e ingratamente recogerá solo, como casi todos los arqueros, el balón tras recibir un gol, pero ya no de excelsos jugadores de selecciones o de grandes clubes, sino de conjuntos de segunda división en Colombia como Alianza Petrolera y Centauros.
Cualquiera sea la situación, a Higuita se le tendrá que reconocer que luchó siempre por continuar atajando, aunque bien jugadores como él deberían saber que a veces es mejor una retirada memorable que una vigencia intangible. La voluntad primero, antes que la obligación.
Pero ese es Higuita, el “Loco”, el que recibió el apellido materno porque su padre no lo quiso reconocer, el que visitó a Pablo Escobar, el del “Escorpión”, el que fue a la cárcel por mediar en un secuestro, el que le pegó un puñetazo al periodista César Augusto Londoño, el que ganó la Libertadores, el que vendía periódicos en Medellín para sobrellevar una infancia donde el medio ambiente era la pobreza… Ese es él, el que todavía dice, a sus 41 años, que trabaja “todos los días para estar en la Selección” porque mientras se juegue "está siempre la posibilidad". Difícil encontrar alguien que se tenga tanta fe y que quiera tanto este deporte.
Trayectoria de Higuita
• Millonarios (1985)
• Atlético Nacional (1986-1992) y (1994-1997)
• Real Valladolid (1992-1993)
• Veracruz (1997-1998)
• Independiente Medellín (1999-2000)
• Real Cartagena (2000-2001)
• Atlético Junior (2001-2002)
• Aucas (2004)
• Bajo Cauca (2005)
• Pereira (2006)
• Guaros de Lara (2007)
• Deportivo Rionegro (2008)
De y para Higuita
“Siempre he sido un jugador disciplinado. Le decían indisciplina al hecho de que yo no fuera a un entrenamiento, para mí, eso no es una falta a la disciplina, porque yo sentía que no tenía la obligación de ir": Higuita.
"Carrizo, Gatti, Higuita y Chilavert no se resignaron a que el guardameta fuera un hombre muro pegado a su valla y demostraron que el arquero también puede ser un hombre lanza": Eduardo Galeano
"Todos tenemos problemas económicos. Pero yo, la verdad, nunca me he preocupado por la parte económica. La base que tengo es que nacimos desnudos y así nos vamos”: Higuita.
Tiene problemas para descolgar centros. Ésos son sus únicos puntos débiles. "Si no, sería Dios": Maturana.
“Algún día, en mitad de un partido, llamarán por teléfono a la portería de Higuita y alguien, quién sabe quién, contestará que ha salido”: Jorge Valdano.
viernes, 8 de febrero de 2008
Chicos en la “barra brava” del Chicó
Imagínese a un hincha de 12 años desviviendo por su “amado” Boyacá Chicó y diciendo groserías a placer en el estadio.
Valientes de verdad todos los que llegaron a ver el juego entre Chicó y Audax Italiano por la Copa Libertadores. Era jueves en la noche, sin “quincena”, dos equipos irrelevantes internacionalmente y sin mayores figuras… Es que hasta la mayoría de cabinas radiales estaban desocupadas… ¿Interés? Ciertamente, no mucho.
Pero gallardos al fin y al cabo los pocos que se fueron a El Campín. El Tiempo aproxima 1500 personas en el estadio y la agencia EFE, dizque 12 mil. Más lo primero, sin duda. La prueba: se escuchaban los gritos de los jugadores en la cancha, los golpes entre ellos, desde la tribuna Occidental Numerada.
Todo matizó lo que fue al final un verdadero espectáculo de goles, cuando existía la pesadilla de un posible magro empate o de una pírrica y tacaña victoria de cualquiera. Sin embargo, fue un 4-3 bastante peculiar, en medio de un partido desordenado, como de colegio o de barrio. Un partido de todo menos de Copa Libertadores (¡qué gran daño le hicieron al torneo con esto del repechaje!).
Dentro de ese cuadro, había una pequeña junta de aficionados jóvenes. Simulando ser barras bravas del Chicó, explayándose en groserías ante otro grupo chileno. Por supuesto, sus improperios eran más fuertes cada vez que Chicó hacía un gol, como si la máxima expresión del fútbol sacara lo peor del hincha. En lugar de celebrar, muchos se regodean con el insulto.
La afrenta es normal en las tribunas y por eso ha dejado de sorprendernos. Pero pregunto –criticándome también por no haberlo hecho todavía- si es que nadie es capaz de exigirle al menos a los niños, jóvenes y adolescentes en el estadio que dejen la jerga “gaminosa” del barra brava. Que eso no es digno de respeto, sino de pena. Y que, de pronto, por andar un día de estos de “valientes” falsos sí los sacan corriendo otros más viejos y experimentados en la violencia. Que quien le diga que el estadio es para desfogarse en vulgaridades es un ignorante. Y que si bien a cualquiera se nos sale un “hijueputa”, no hay derecho ni excusa para convertirse en un “ñero” a costa del fútbol.
Valientes de verdad todos los que llegaron a ver el juego entre Chicó y Audax Italiano por la Copa Libertadores. Era jueves en la noche, sin “quincena”, dos equipos irrelevantes internacionalmente y sin mayores figuras… Es que hasta la mayoría de cabinas radiales estaban desocupadas… ¿Interés? Ciertamente, no mucho.
Pero gallardos al fin y al cabo los pocos que se fueron a El Campín. El Tiempo aproxima 1500 personas en el estadio y la agencia EFE, dizque 12 mil. Más lo primero, sin duda. La prueba: se escuchaban los gritos de los jugadores en la cancha, los golpes entre ellos, desde la tribuna Occidental Numerada.
Todo matizó lo que fue al final un verdadero espectáculo de goles, cuando existía la pesadilla de un posible magro empate o de una pírrica y tacaña victoria de cualquiera. Sin embargo, fue un 4-3 bastante peculiar, en medio de un partido desordenado, como de colegio o de barrio. Un partido de todo menos de Copa Libertadores (¡qué gran daño le hicieron al torneo con esto del repechaje!).
Dentro de ese cuadro, había una pequeña junta de aficionados jóvenes. Simulando ser barras bravas del Chicó, explayándose en groserías ante otro grupo chileno. Por supuesto, sus improperios eran más fuertes cada vez que Chicó hacía un gol, como si la máxima expresión del fútbol sacara lo peor del hincha. En lugar de celebrar, muchos se regodean con el insulto.
La afrenta es normal en las tribunas y por eso ha dejado de sorprendernos. Pero pregunto –criticándome también por no haberlo hecho todavía- si es que nadie es capaz de exigirle al menos a los niños, jóvenes y adolescentes en el estadio que dejen la jerga “gaminosa” del barra brava. Que eso no es digno de respeto, sino de pena. Y que, de pronto, por andar un día de estos de “valientes” falsos sí los sacan corriendo otros más viejos y experimentados en la violencia. Que quien le diga que el estadio es para desfogarse en vulgaridades es un ignorante. Y que si bien a cualquiera se nos sale un “hijueputa”, no hay derecho ni excusa para convertirse en un “ñero” a costa del fútbol.
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